Me reporto: otoño 2026
Hola, seguidores. Soy yo de nuevo. Lanzando gritos a un abismo infinito. Es un gran alivio saber que nada de esto será escuchado. Alivio que vive acompañado de un anhelo de que me entiendan.
El otoño ha comenzado con la misma nostalgia de todos los años. Pareciera como si mi primer otoño lo haya vivido a los 17 años. Y que a partir de esa temporada, mi mente siente un anhelo por volver a esos días. Calurosos pero cálidos, con amistades pero sin amantes. Y así, mis días pasan extrañando inocencias y vivencias que solo mi inconsciente recuerda. No vuelvo a momentos, sino a sentimientos que ni el azar podrá repetir jamás. ¡Qué extraño es todo esto!
Mi corazón oscila entre el amar y el buscar. No entiendo nada. A veces dudo que la paciencia todo lo alcanza. El verano terminó con El amor en los tiempos del cólera y este otoño ha comenzado retomando al buen Proust. Me parece curioso que un hombre homosexual francés de principios del siglo xx sea capaz de leer mejor mi alma que cualquier serie de Netflix producida en los últimos 10 años. Supongo que, aunque somos hijos de nuestra época, también hay una humanidad y atemporalidad en nuestras almas que solo algunos llegan a entender. Pobre Proust, a veces lo leo y me dan ganas de decirle que yo sí lo entiendo.
Otra vez he vuelto a olvidar cosas que me he prometido recordar. Últimamente, lo que me da confort ante la idea del olvido y del pasar de los días es pensar que las cosas quedan grabadas en el tiempo. Que no hay problema en pensar que el mayo pasado nunca volverá a ser ese mayo, que nada lo podrá recrear y que nadie más lo recuerda como yo, pues de cierta manera, todo lo que pasó en mayo está ahí en mayo, encapsulado y nada podrá cambiar lo que en ese tiempo ha quedado grabado. Asumo que al final del día, si soy realista.
Este blog, para mí, me recuerda al blog de ese personaje que ya ni me acuerdo de cómo se llama en Turtles All The Way Down. Se me hace curioso que un libro que en su momento leí con tanta ligereza, se haya quedado tan grabado en mí. Esas frases de Shakespeare, ese maldito blog. Recuerdo que en su momento, mi mamá también lo leyó; yo sé que no le gustó. También es curioso lo mucho que todos esos libros imprimieron en mí. Y digo, la verdad, no es tan curioso, pues casi todo se imprime en mí, más en aquella época, mi coming of age, me gusta pensarle. A veces, me pongo a pensar en mis amigos, los otros estudiantes de filosofía. A veces, me cuesta mucho trabajo pensar en que ellos también estudian filosofía. Porque se me hace tonto que se comporten como se comportan y que al mismo tiempo no sean personas que lo sientan todo tan profundamente todo el tiempo. Solo a veces. Igual me cuesta pensar que alguien pueda estudiar filosofía sin sentirlo todo tan profundamente. "Persona hipersensible" o un término así tiene mi mamá. Igual, a veces, hay momentos en que platicando de cosas o hablando de cosas o viviendo cosas, se abren pequeños destellos y pienso y me doy cuenta de que "claro, tú también lo sientes todo así". Pero solo a veces.
Si algún día, mi yo de 16 años me leyera. Me gustaría decirle que ya no lloro tanto como antes. El problema es que no sé si eso la reconfortaría o si, al contrario, le daría repele por quien soy yo ahora. No le darían repele mis amistades; eso es claro. Qué buen regalo. Gracias, Dios. Aunque el tiempo se ha ido llevando a mi yo pasado, sé que mi yo adolescente estará ahí siempre. Pues ese yo se preocupó por el olvido y escribió y traspasó la acción de la humanidad hasta llegar al mundo material. Es mi yo preadolescente quien me preocupa. ¡Qué será de mi yo de trece años! De sus sueños y de sus anhelos. Pobre.
Me alegra saber que mis amigos están igual de obsesionados con nuestra amistad como yo. Obsesión es una palabra muy fuerte. Mejor dicho, me alegra saber que mis amigos aprecian nuestra amistad de la misma manera que yo y que, por ende, buscan su permanencia eterna en este mundo.
Los miércoles, llevo un taller de lectura en la universidad. Cuando mis textos son personales, es decir, cuando son buenos, me da una vergüenza inmensa que los lean. En el del próximo miércoles, estoy intentando retratar aquello que pasa cuando de pequeño vives algo que eventualmente tienes que vivir, pero lo haces antes de tiempo, así que el momento queda guardado en tu alma de manera muy extraña, ahora sí, casi que de manera obsesiva. Si nunca lo presento en el taller, lo haré aquí.
Mañana tengo una cita. Escribo cita porque no quiero usar tantas palabras en inglés, aunque la verdad es que nunca uso la palabra cita en mi vocabulario. ¿A quién engaño? Ni a mí misma. Pero bueno, pero bueno, pero bueno.
Lo que me da coraje de tener ya 21 años y no haber amado como se debe es que no podré ser como Patti Smith. Espero que mi lector promedio entienda esto.
Me he vuelto tan ajena a mí que se me olvida cuántos años tengo. Últimamente, no sé por qué, tengo ganas de volver a leer todos esos cantares que leí en secundaria. Extraño.
Como sea. Si algún día tengo un lector que no sea yo, todavía no resuelvo si me gustaría que me lo dijera o no. El alma humana es muy extraña, sobre todo sus entrañas.




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