Lo uno o lo otro
| Últimamente me asaltan destellos de los veranos en los que he viajado. |
Me reporto, versión junio. O más bien, versión semestral. O casi que versión anual. No lo sé. En la última semana, me he preguntado si el dudar tanto sobre escribir o no será una señal de que tal vez no debería de hacerlo. No lo creo. ¿Qué más quedaría de mí si dejara de hacerlo? Es lo único que soy. Por eso no soy nada, porque nunca lo hago. Me creé un Substack. Lo malo es que mis amigos me siguen, así que nunca publico nada. Podría publicar en revistas, en periódicos, pero no lo hago. ¿Será un precio de mi generación el que sabemos hacerlo todo y por eso no hacemos nada?
Hoy, estoy triste. El semestre fue... la verdad no lo sé. Fue pasional; eso es claro. Hubo de todo. La felicidad sigue siendo un estado en mi alma. Como siempre, me asusta que deje de serlo. Creo que hubo más lágrimas que risas. Todo por amar de más, echar raíces de más, ser joven de más. La juventud se me terminará pronto y yo seguiré sin haber amado de verdad. Todo siempre lo tengo a medias. Me cuesta entender por qué tengo anhelos tan grandes en mi corazón si parece que nunca serán cumplidos.
Como siempre, quiero leerlo todo, verlo todo, vivirlo todo y no he hecho nada. La infinitud de posibilidades que da el tiempo libre me condena a no hacer nada. A veces todavía reflexiono en si moriré joven. Mi papá tiene esperanzas en mi juventud y yo también. Todos la tienen. A veces siento que volteo a vernos dentro de la multitud y solo cruzo miradas con él; él levanta los hombros y me pide que mire al frente. Si tan solo supiera que juntos, siendo solo dos, lograríamos que todos nos viéramos entre nosotros.
Nadie nunca va a leer esto. Eso es bueno, tal vez malo; por hoy es un alivio.
Termino con una estrofa de un poema de Salvador Novo:
He vuelto. Soy el mismo. La misma sed me aqueja
y embelesa mi oído idéntica canción,
y soy aquel que ama el minuto que deja
un poco más de llanto dentro del corazón.
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