S. 15/III/2024
Comenzamos siendo seis.
Bueno, en verdad, en un principio fuimos siete, pero eso duró como dos días. Así que diré que comenzamos siendo seis. Seis idiotas, seis hermanos, seis amigos. Luego fuimos cinco, luego dos. Ahora solo estoy yo. Pero eso ahorita no importa, lo que importa es la historia de cuando éramos seis.
En sí, nunca supe bien cómo se formó el grupo. Álvaro y yo siempre fuimos amigos. Lo mismo con Álvaro y Newton. Así que también se puede decir que Newton y yo siempre fuimos amigos. Agustín regresó a México cuando teníamos como 12. Y aunque eso ya fue hace mucho tiempo, si se podría decir que llegó a la mitad de nuestras amistades. Por otro lado, aunque Genoveva y Alexa rara vez estaban ahí, se podría decir que siempre estuvieron ahí. Viendo, esperando, aguantando a que se diera el momento en que nos volviéramos amigos. Siendo sincera, si sé cómo se formó el grupo. Si es que no me engañan las pasiones, creo que todo cambió el verano que los Caballero volvieron a México.
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HAIKU AL SOL (petición de gaby)
Tostando mi piel.
Nunca te me escapas.
El sol aguarda.
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Fingí aburrirme entonces me puse a escribir. La verdad es que en esas épocas Simon Newton no me caía mal. Simplemente me desesperaba de una manera tremenda. Siempre estaba o enojado o triste o de pedante. En otras palabras era un grosero. Yo sé que obviamente a nadie le gusta la idea de que un perro te muerda tanto la pierna al punto de que casi te la amputen. Y más si eso te pasa cuando tienes 14 años, eres la estrella del equipo de atletismo y la estás rompiendo en el fútbol. Pero Simon se quejaba de sobra, lloraba de sobra y era pedante de sobra. Yo no soportaba eso. Más si a un lado de Simon teníamos a Álvaro Allégret, el dulce niño, humilde, enfermo desde siempre, que no se quejaba de nada. ¿Me entienden? Hoy en día me doy cuenta de que tal vez mi discurso si era un poco exagerado. Tal vez leí el Hombre en busca de Sentido de muy pequeña o tal vez, en el fondo, no me gustaba la idea de que Newt tuviera justas razones por las que quejarse. Mientras que yo, no me podía quejar de nada, pues mis penas y dolores de la pubertad no eran suficientes como para llegar a los talones de los sufrimientos de Simon o Álvaro.
En su año de exilio Simon Newton hizo de todo. La primera idea de sus papás fue regresar a Manchester para ir a un buen doctor que pudiera dejar a Simon como nuevo. Pero medio sector de salud se dio cuenta luego luego que Simon nunca iba a quedar como nuevo. Y aparte, los doctores privados de México no estaban tan mal. Así que al final, los Newton se quedaron en México y a Simon no le quedó de otra más que pudrirse como dos semanas en el Ángeles.
Visitar a Simon en el hospital fue muy diferente de visitar a Álvaro. Visitar a Álvaro era algo más rutinario. Con Álvaro, ya se sabía que hacer, siempre era el mismo cuarto, el mismo tiempo, la misma enfermera y la certeza de que no se iba a morir. En cambio con Simon ni siquiera sabíamos si iba volver a caminar. Es por eso, que no veo razón alguna a de dónde carajos se nos ocurrió hacer lo de los cigarros.
Teníamos 14 años. Los chismes que movían nuestra vida casi no eran de amor. Nuestro vocabulario de fiesta se reducía a reu o tardeada. Eso de ir a XVs era algo casi nuevo, algo floreciente. El único alcohol que habíamos probado era el vino de nuestra primera comunión. Y nuestra travesura más grande había sido teñir la alberca de los Hernández con colorante verde.
Éramos tremendos sí, pero el manto de la inocencia nos seguía arropando. Nuestras sonrisas seguían siendo genuinas, tiernas, dulces. Ni siquiera puedo decir que divertirnos era nuestro fin último, porque en esos días todavía no pensábamos en fines. Y es que yo digo, y Agustín y Genoveva piensan lo mismo, que lo de la pierna de Simon no sólo fue un cambio drástico en la vida para él. Sino que también fue el cambio de nuestros últimos días de pubertos inocentes a los primeros días de adolescentes con ganas de comerse al mundo.
Los cigarros los consiguió Agustín de Peter De Luca.
Aunque Agustín ya no vivía en Estados Unidos, seguía leyendo pura literatura de escuela americana. En esos días, su obsesión recaía en The Outsiders. The Outsiders: libro típico que te hacen leer en la secundaria gringa sobre un grupo de amigos marginados que fuman mucho y al final varios se mueren. Resaltemos el “fuman mucho”. Agustín leyó el libro, luego lo leí yo, luego Simon y de ahí nuestra obsesión creció tanto que no le quedó de otra que leerlo a los demás.
La obsesión del libro desembocó en una obsesión por aprender qué rayos era fumar y por qué hacía a la gente tan cool. Según Agustín, todo el mundo fumaba, según Simon también. Bob Dylan fumaba, Alex Turner fumaba, pero sobre todo, Arturo, Peter, Eduardo y Benjamín fumaban. Y si Arturo, Peter, Eduardo y Benjamín hacían algo, ellos tenían que hacerlo.
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