Querido Álvaro (S. un día de primavera)
Querido Álvaro, los días aquí se han vuelto tan largos y tan cortos que me cuesta admitir que te extraño.
Escribirte después de tanto tiempo es raro. Cada vez que soy leída me siento como Todd Anderson en la Sociedad de los Poetas Muertos. Me siento tan desnuda al ser leída, tan desprotegida.
Mientras camino, he estado intentando descifrar la literatura y porque me siento así. La ciudad ya no es la mismo sin ninguno de ustedes aquí. Sigue siendo mía, incluso dudo que algún día deje de serlo. Pero se nota que ya no es tuya y que ya no están aquí.
Al escribir, las letras desgarran mi alma y me piden que me derrame en palabras. Por eso a veces me duele ser leída, porque soy yo y soy yo sin nada.
En estos días inmensos, me pregunto si hay días en los que tú te quedas buscando mi mirada. Si hay momentos en los que te sorprendes sólo y te encuentras, sin pensarlo, deseando ver mis ojos, mi sonrisa, mi alma.
Ayer me encontré a Alicia, me admitió que te ama. Yo no te amo Álvaro, pero si me sorprendo buscando tu mirada.
Siento que mi vida se ha convertido en una metáfora, o una espera nunca terminada,
Álvaro, se que sueno a enamorada, pero sólo estoy desesperada. Los extraño y no los veo. Los busco y no los encuentro. Dime, ¿por qué me tenían que dejar como un faro muerto a sus veleros?
Es inútil pasar mis días extrañándolos. Pero más inútil pensar que los momentos en que los vea, por tan pequeños que sean, harán que todo valga la pena.
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